Liliana M. Zeferino

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Doctoranda en Educación
UIDEF – Instituto de Educación, Universidad de Lisboa
Portugal

Perfiles académicos

Trayectoria

Hay trayectorias que se cuentan por etapas. La mía se cuenta por una inquietud persistente: la educación. No solo la educación escolar, con sus currículos, ritmos y evaluaciones, sino la educación en un sentido más amplio, como ejercicio de poner al ser humano en pie, de devolverle la voz, la posibilidad y la dirección. A lo largo de mi recorrido, fui comprendiendo que aquello que muchas veces denominamos “fracaso” no deriva de un déficit individual, sino que es el resultado de relaciones desiguales con el saber, con el reconocimiento y con el propio derecho a existir como sujeto que aprende.

Soy licenciada en Ciencias de la Educación y Máster en Ciencias de la Educación, con especialización en Educación de Adultos. Fue en el marco de mi máster donde esta inquietud adquirió forma y territorio: durante aproximadamente un año viví en Mozambique, donde trabajé como formadora en un centro de formación de mujeres llamado “WUXA”, una palabra que, en ronga, lengua local, significa “renacer”. En ese espacio, la educación se revelaba en su forma más esencial: no solo como adquisición de competencias y conocimientos, sino, sobre todo, como reconstrucción de sí. Aprender era, muchas veces, el primer gesto de afirmación, un movimiento discreto pero profundo de quien comienza a reconocerse como sujeto capaz de pensar, decidir y transformar su trayectoria y, en consecuencia, reconfigurar su futuro.

Regresé con la convicción de que la educación ocurre siempre en capas (visibles e invisibles) y que lo que está en juego no es únicamente lo que se aprende, sino la relación que cada persona establece consigo misma como alguien que puede aprender. En Portugal, desempeñé funciones como coordinadora pedagógica en colegios privados, donde acompañé de cerca trayectorias escolares diversas y observé cómo el sistema educativo puede, simultáneamente, abrir y cerrar posibilidades y caminos de futuro.

Posteriormente, durante aproximadamente cuatro años, estuve vinculada a proyectos internacionales de cooperación y desarrollo en Brasil y Paraguay, trabajando con poblaciones en situación de múltiple vulnerabilidad. En esos contextos, la educación volvía a aparecer más allá de la escuela, inscrita en prácticas comunitarias, en estrategias de supervivencia y en formas de resistencia cotidiana. Fue allí donde se hizo aún más evidente, para mí, que aprender no consiste únicamente en acumular conocimientos, sino en posicionarse en la sociedad y en el mundo frente a las desigualdades estructurales.

De regreso a Portugal, coordiné el grupo de voluntariado universitario en la Universidad de Aveiro y retomé funciones de coordinación pedagógica en diferentes centros educativos. Paralelamente, se fue consolidando una pregunta que atraviesa todo mi recorrido: ¿cómo construyen los sujetos el sentido de sus experiencias educativas y de qué manera esa construcción influye en lo que consideran posible para sí mismos?

Hace aproximadamente cuatro años inicié el Doctorado en Educación y me integré en el proyecto europeo CLEAR – Constructing Learning Outcomes in Europe: A multilevel analysis of (under)achievement in the life course, financiado por el programa Horizon Europe, que apoya iniciativas pioneras en el ámbito de la educación y la innovación social. Este proyecto reunió a 13 equipos de investigación en 8 países europeos, con el objetivo de comprender cómo se construyen los resultados de aprendizaje en contextos sociales profundamente desiguales.

En el marco del CLEAR, trabajé a partir de un enfoque de los cursos de vida, analizando las trayectorias de los jóvenes como procesos dinámicos situados en la relación entre agencia y estructura. A través del trabajo empírico y del análisis comparativo entre regiones más favorecidas en términos de oportunidades y regiones marcadas por procesos de declive económico y social, pude acompañar de cerca la forma en que el territorio se inscribe en las biografías, influyendo no solo en los recorridos educativos, sino también en los horizontes de posibilidad que los jóvenes construyen para sí mismos. A lo largo de este proceso, movilicé una perspectiva interseccional para comprender cómo diferentes dimensiones (como la clase social, el género, el origen migratorio y el contexto territorial) se entrecruzan en la configuración de las trayectorias, y recurrí a la lente de la justicia espacial para analizar de qué manera el acceso desigual a recursos, instituciones y redes de apoyo moldea las experiencias educativas y las posibilidades de participación social. Este trabajo, desarrollado en articulación entre niveles local, nacional e internacional, me permitió construir una lectura situada que relaciona trayectorias individuales y estructuras sociales, evidenciando cómo los recorridos educativos son simultáneamente vividos, condicionados y continuamente negociados a lo largo del tiempo.

Mi investigación doctoral se inscribe en este horizonte, centrándose en jóvenes que han vivido experiencias de fracaso y abandono escolar temprano, con el objetivo de comprender cómo interpretan dichas experiencias y de qué manera estas vivencias moldean sus trayectorias a lo largo de la vida. Me interesa, especialmente, el momento en que la experiencia se transforma en narrativa y cómo esa narrativa puede limitar o reabrir horizontes.

Soy miembro de la UIDEF – Unidad de Investigación y Desarrollo en Educación y Formación, del Instituto de Educación de la Universidad de Lisboa, así como de la red internacional RYOT, dedicada al estudio de las trayectorias de vida de los jóvenes en Europa. Mi contribución al campo de la metacognición nace de esta comprensión ampliada de la educación. Parto del supuesto de que la metacognición no constituye únicamente una competencia cognitiva individual, sino también una disposición socialmente estructurada. La capacidad de pensar sobre el propio pensamiento (de evaluar, regular y proyectar la propia trayectoria) no está igualmente distribuida: depende de experiencias de reconocimiento, de contextos que autorizan la reflexividad y de trayectorias que enseñan, o no, que se puede aprender. En este sentido, busco contribuir a una lectura de la metacognición que la sitúe en el mundo social, donde aprender a aprender es, muchas veces, inseparable de aprender que se puede aprender y, quizá antes aún, de creer que se tiene el derecho a hacerlo.

En el fondo, se trata de una cuestión sencilla y, al mismo tiempo, radical: ¿quién está autorizado a pensarse como sujeto de su propio pensamiento?

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